Camino a casa
El corazón latía desbocado mientras tu cuerpo iba desfalleciendo lentamente. Notabas como tus piernas dejaban de sostenerte, se tambaleaban ejecutando un baile frenético q recordaba el temblor de los dientes cualquier dia de invierno. Tus manos buscaban desesperadas su cuerpo, tus uñas se incrustaban en su piel sin apenas dejar huella a pesar de la desesperación con q las clavabas. Oiste crujir los huesos de tu cuello, comenzaste a perder la consciencia, las paredes giraban violentamente a tu alrededor, el aire no llegaba a tus pulmones por muchas bocanadas de oxigeno q intentabas aspirar. Sus manos fuertes apretaban con firmeza tu gaznate hundiéndote la nuez de forma q llegaste a pensar q saldría disparada por la nuca.
Angustiada y medio desvanecida te rendiste a lo evidente, no podías contra él.
Cerraste los ojos para convencerte de q sólo soñabas y sin darte cuenta despertaste en aquel autobús, hace diez años. Vestida de riguroso negro, algo desaliñada y sumida en la más absoluta decadencia llamaste la atención de un joven q dirigiéndote una encantadora sonrisa se levantó cediéndote su sitio. En aquel momento algo de ilusión invadió tu cuerpo por primera vez en mucho tiempo.
Durante el breve viaje os dirigisteis miradas de complicidad, tímidas sonrisas, palabras inaudibles escondidas tras pensamientos, caricias disfrazadas de roces involuntarios y viviste una historia ficticia de duración eterna q no fue real ni tan siquiera unos instantes.
Llegó tu parada, y dudaste, en casa esperaba Roberto seguramente ya de mal humor por el retraso de diez minutos. Sabías q su saludo serían gritos, encono y rabia. Le odiabas pero a la vez una ingenua esperanza te hacía cautiva de aquel encantamiento q una vez te sedujo. Y bajaste del autobús camino al infierno, camino a casa.
Aquella noche, con el cuerpo teñido de púrpura y el dolor morando en tu alma, lloraste más q de costumbre. No era el daño, no eran los golpes, era la debilidad q te hizo bajar lo q tanto despreciabas tumbada sobre la cama, era haber rechazdo esa historia, más ficticia aun q tu vida, q te ofrecía al menos la posibilidad de una sonrisa.
Diez años después, en la misma habitación, rodeada del mismo miedo, llorabas de nuevo intentando averiguar pq te apeaste desperdiciando así tu vida...abriste los ojos y contemplaste por última vez la respuesta a tu pregunta, ayudándole a concluir su próposito, ¿para q seguir viviendo cuando llevabas demasiados años muerta?, y liberaste al alma del cuerpo abandonando para siempre aquella casa...y en el camino de ida a tu nuevo hogar un joven de encantadora sonrisa se levantó de su asiento cediéndote su sitio.
Angustiada y medio desvanecida te rendiste a lo evidente, no podías contra él.
Cerraste los ojos para convencerte de q sólo soñabas y sin darte cuenta despertaste en aquel autobús, hace diez años. Vestida de riguroso negro, algo desaliñada y sumida en la más absoluta decadencia llamaste la atención de un joven q dirigiéndote una encantadora sonrisa se levantó cediéndote su sitio. En aquel momento algo de ilusión invadió tu cuerpo por primera vez en mucho tiempo.
Durante el breve viaje os dirigisteis miradas de complicidad, tímidas sonrisas, palabras inaudibles escondidas tras pensamientos, caricias disfrazadas de roces involuntarios y viviste una historia ficticia de duración eterna q no fue real ni tan siquiera unos instantes.
Llegó tu parada, y dudaste, en casa esperaba Roberto seguramente ya de mal humor por el retraso de diez minutos. Sabías q su saludo serían gritos, encono y rabia. Le odiabas pero a la vez una ingenua esperanza te hacía cautiva de aquel encantamiento q una vez te sedujo. Y bajaste del autobús camino al infierno, camino a casa.
Aquella noche, con el cuerpo teñido de púrpura y el dolor morando en tu alma, lloraste más q de costumbre. No era el daño, no eran los golpes, era la debilidad q te hizo bajar lo q tanto despreciabas tumbada sobre la cama, era haber rechazdo esa historia, más ficticia aun q tu vida, q te ofrecía al menos la posibilidad de una sonrisa.
Diez años después, en la misma habitación, rodeada del mismo miedo, llorabas de nuevo intentando averiguar pq te apeaste desperdiciando así tu vida...abriste los ojos y contemplaste por última vez la respuesta a tu pregunta, ayudándole a concluir su próposito, ¿para q seguir viviendo cuando llevabas demasiados años muerta?, y liberaste al alma del cuerpo abandonando para siempre aquella casa...y en el camino de ida a tu nuevo hogar un joven de encantadora sonrisa se levantó de su asiento cediéndote su sitio.
